Empieza la aventura




El cómo, el cuándo y el por qué

Hasta donde alcanzo a recordar, siempre me ha gustado hacer videojuegos. Desde muy pequeño, el ordenador ha sido para mí mucho más que una simple máquina. Con él se podían hacer grandes cosas, desde animaciones con Fantavision hasta aventuras conversacionales programadas torpemente en archivos .BAT y Autodesk Animator.

Además de la informática, tengo el estigma de todo niño solitario: me encanta dibujar. Quedan como testigos infinitos libros y cuadernos de EGB completamente pintarrajeados con boli BIC. Por supuesto, y como todo buen dibujante que se precie, también tengo mi carpeta de adolescente con dibujos cursis de guerreros y princesas.

En general siempre me ha encantado crear. No me refiero a modernas esculturas geométricas vagamente humanas, me refiero a desmontar tus GI-JOE e intercambiarles las piezas, a crear mis propios juguetes usando cantidades ingentes de cinta adhesiva, a hacer películas de animación con plastilina, construir manos robóticas, inventar juegos de mesa y no tan de mesa, aplastar, cortar, pegar, conectar, atornillar, soldar… En fin, era un niño muy inquieto.

Hice mi primer videojuego con 12 años, en un flamante 286. El proceso me encantaba porque unificaba todo lo que más me gustaba: el ordenador, dibujar y las matemáticas. Lo pasaba en grande intentando emular a los grandes como Monkey Island o El Día del Tentaculo. Acabé dedicándole buena parte de mi infancia.

Hacer esto desde niño me ha proporcionado grandes habilidades con el ordenador como herramienta, y hoy en día me puedo manejar con bastantes programas sin problema. Aprendo rápido, y debe ser sin duda por que mi mente y el ordenador fueron grandes amigos desde muy pequeños.

Con todo esto bajo el brazo, los vientos me condujeron al mundo del diseño donde he trabajado felizmente durante más de 10 años. Pero siempre faltaba algo. Hacer carteles está muy bien. Las páginas web no están mal, y las aplicaciones interactivas me han dado grandes satisfacciones. Pero el niño que llevo dentro tiraba para el mismo sitio: los videojuegos. La verdad es que siempre me terminan cansando los proyectos comerciales, donde lo que prima es la funcionalidad o el contenido. Los acababa convirtiendo, de un modo u otro, en juegos encubiertos.

En estos años dedicado al diseño he aprendido mucho, muchísimo. Gracias a esto me he convertido, creo, en un buen diseñador con amplios conocimientos técnicos tanto de tecnología como de UX. Pero siempre me ha faltado algo…

Hace un tiempo convencí a mi jefe de Plain Concepts para que creara un departamento de videojuegos que al final acabó convirtiéndose en un pequeño estudio llamado Weekend. Ahí creamos, entre 4 personas, el juego Bye Bye Brain.

Realizar este juego fue el más absoluto placer, no sólo por trabajar codo con codo con el fabuloso equipo formado por Luis Guerrero, Rodrigo Díaz y Javier Cantón, sino porque por primera vez, todo encajaba. Mi alma y mi trabajo caminaban de la mano y eso me hacía levantarme todos los días con una enorme sonrisa, ansioso por llegar a la oficina.

Desgraciadamente, a pesar de que Bye Bye Brain ha sido técnicamente un éxito y fue descargado por mas de 300.000 personas (con mas de 23.000 fans en Facebook y fantásticas reviews por todas partes), los beneficios no eran suficientes para que la empresa se tomara en serio el asunto de hacer videojuegos, y el barco cambió de dirección hacia aguas mas rentables.

En este punto, después de tocar la gloria, los proyectos de diseño se me hacían cada vez más pesados, los cursos más tediosos y los días más grises. Trabajar ya no tenía objetivo, iba a la oficina, programaba y diseñaba como un zombi.

Un día por fin supe cuál era el problema y cómo solucionarlo. Tenía que volver a los videojuegos. Había que intentarlo, era el momento. Ahí estaba la crisis, eso era cierto, pero o me arriesgaba ahora que soy joven y tengo ganas o probablemente en unos años estaría atrapado en la zona de confort y jamás podría salir de allí.

Este es el cómo, el cuándo y el por qué de Mr. Roboto, una empresa de videojuegos que tiene la pasión por bandera. No os voy a mentir, los proyectos que tengo entre manos son un poco raros, pero espero que imprimiéndoles toda la pasión y el esfuerzo posible salgan adelante en este saturadísimo mercado. Sé que fracasar no es una opción, porque en cierto modo, sé que solo por intentarlo ya he lo he logrado.

P.D.: Claro que puede que todo esto sólo sea la crisis de los 30 :)